Cuando Gabriel recuerda la severidad de su adicción a las drogas, se acuerda de estar tirado en el suelo, retorciéndose de dolor por la abstinencia mientras que sus hijos pequeños le preguntaban, “Papá, ¿qué te pasa?” Luego de asegurarle a sus hijos que todo estaba bien, se arrastraba al baño, encontraba las drogas y esperaba que el dolor desapareciera.

DOLOR Y VENENO
Pero el dolor no era solamente físico. “Sentía dolor dentro de mí,” recuerda Gabriel, “y me estaba matando.”

Para Gabriel, las raíces de su dolor emocional tienen su origen en la muerte repentina de su hija de dos años. Él era joven y recién casado en ese momento, y la enorme tristeza de esta tragedia lo pilló por sorpresa.

Como respuesta, Gabriel renunció a Dios y comenzó a buscar maneras para calmar el doloroso vacío en su corazón. No pasó mucho tiempo hasta que las drogas se convirtieron en su método de escape preferido y Gabriel ingresó al círculo vicioso de usar drogas, ir a la cárcel, estar sobrio y luego usar drogas nuevamente.

VENGANZA AMARGA
Fue durante una etapa de sobriedad que Gabriel descubrió que su esposa estaba manteniendo una relación extramatrimonial. Experimentar esta angustia cuando su vida finalmente empezaba a mejorar fue insoportable para Gabriel, quien dice, “Me sentí tan mal que quería suicidarme.”

Gabriel cree que fue la mano de Dios quien cuidó de su vida durante este tiempo tan angustioso. Pero la desintegracián de su matrimonio provocó que llenase su corazón con algo más: venganza. “Quería que mi ex-esposa supiera lo que es estar solo,” explica Gabriel. Lleno de venganza, se mudó desde México a los Estados Unidos, donde planeó hacer una fortuna y traer a sus niños a vivir con él.

Mientras vivía en los Estados Unidos, Gabriel complementaba su trabajo de pintor con dinero fácil de actividades ilegales. Eventualmente, a medida que sus finanzas crecieron, sus hijos se mudaron a los Estados Unidos con él abandonando a su ex-esposa en México. En la mente de Gabriel, el plan de venganza había sido exitoso.

A pesar de este “éxito,” Gabriel no estaba contento. De hecho se sentía más abatido que nunca antes. Trató de convencerse que más mujeres y más drogas resolverían sus problemas, pero nada funcionó. “Era peor que vivir en prisión,” cuenta Gabriel.

En medio de la tristeza de Gabriel, conoció a otro pintor, un creyente cuyo espíritu gozoso confundió a Gabriel. Él recuerda pensar, “¿Por qué este pintor creyente con el que trabajo es tan contento con su familia? Él está contento aún cuando tiene poco dinero. Y aquí estoy yo con tanto dinero y mis hijos y no soy feliz.”

Pero Gabriel tuvo que tocar fondo antes de que estas preguntas transformasen su corazón y sanasen su vida. Sus actividades ilegales y abuso de drogas continuaron hasta que finalmente fue arrestado y enviado a prisión, conoció los estudios Bíblicos de Crossroads Ministerio Carcelario.

Gabriel dice que los estudios de Crossroads abrieron sus ojos a lo que su corazón se había estado perdiendo todo este tiempo: la paz que viene del perdón de Dios. Sus mentores están alimentando esta nueva paz en cada lección. “Quiero decir que Cristo es quien me escribe las cartas,” dice Gabriel.

Gracias al discipulado de sus mentores, Gabriel puede decir con confianza que él es un hombre diferente. Su corazón, una vez lleno de odio, ahora está lleno de amor por su Salvador. Y, habiendo experimentado el perdón él mismo, ha dejado atrás los pensamientos de venganza: ahora ora para que la madre de sus hijos también encuentre paz para su alma a través de Jesucristo.

Gabriel reconoce que su viaje espiritual está lejos de terminar. Pero todos los días agradece que su corazón dolorido, que lo había atormentado desde la muerte de su hija, finalmente esté en reposo. Después de años de tragedia, venganza y adicción, Gabriel ha encontrado la paz. “He pasado dos años privado de libertad ahora,” dice, “pero como me entregué a Cristo, no estoy privado de libertad; soy libre.”

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