Chris estaba a punto de perder todo el progreso que había logrado. Él llevaba cuatro días de estar sobrio, pero la tentación para beber le estaba consumiendo. Algo dentro de sí mismo le decía que debía orar.

“En mi momento más débil, hice mi primera oración,” recuerda Chris. “Sigue siendo la oración con más sentimiento que he hecho: ‘Dios, si estás allí, por favor ayúdame. No puedo lograrlo por mi cuenta.’”

Tan pronto como terminó de orar, la tentación cesó. Chris decidió comunicarse con su amigo, un profesor de estudios del Nuevo Testamento, para hablar sobre lo que le estaba sucediendo. Su amigo le invitó a ir a la iglesia.

Una vez que Chris comenzó a aprender más de Jesús, no quería dejar de aprender. “Me enganché,” comenta. “Recibí una Biblia de estudio genial y la devoré. Leí todos los libros cristianos que recibí—literalmente cientos. Estaba enamorado de Dios, y yo iba a convertirme en un ‘súper cristiano.’”

Pero él no se dio cuenta de que todo ese conocimiento que había adquirido sobre Dios no era lo mismo que tener una relación personal con Dios.

“Mis motivos cambiaron de rumbo,” recuerda Chris. “Yo estaba recibiendo elogios por todo el conocimiento que tenía de las Escrituras. Me gustaba impresionar a las personas con lo mucho que había aprendido en tan poco tiempo. Me gustaba tener la respuesta para otras personas. Sabía que Dios estaba impresionado conmigo.”

Sin embargo, por dentro Chris estaba derrumbándose. “Ante el mundo, yo seguía siendo el mismo,” comenta él. “Pero yo era un cascarón vacío.”

La depresión se apoderó de él y dejó de ir al trabajo. Luego de dos meses, sin dinero y desesperado, decidió robar un banco. Y luego otros más.

La noche en que fue arrestado, pensó que su vida había llegado al fin. Pero no le llevó mucho tiempo en reconocer que, aunque su hombre viejo había muerto, su nueva vida en Cristo recién comenzaba. Esta vez, él sabía que realmente necesitaba conocer a Dios.

Chris se inscribió para estudiar la Biblia con Crossroads Ministerio Carcelario Canadá en el 2016, y Dios ha cambiado su vida radicalmente. Chris ya no busca la aprobación basada en sus logros; ahora él reposa en el conocimiento de que Dios le ama tal como es. Él también ve a los demás de manera distinta.

“Me di cuenta de que miraba más allá de los crímenes que la gente había cometido y veía el increíble quebrantamiento que guía a ese tipo de vidas,” él compartió.

Chris ha sentido el llamado de Dios al ministerio por bastante tiempo. Luego de haber sido liberado de la prisión, no había mejor lugar para comenzar que volviéndose un mentor de Crossroads para animar a los estudiantes de la misma forma en que él fue animado.

“Quiero que las personas privadas de su libertad sepan que son amadas incondicionalmente. Quiero que sepan que Dios les ama—no porque sean personas buenas, sino porque Él es bueno. En las horas más oscuras sin libertad, cuando estas personas sienten que no tienen la fuerza para seguir adelante, yo quiero que sepan que todo estará bien. La fortaleza de Dios no tiene límite, y Él quiere que nos apoyemos en Él.”

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